Alejandra Etelvina Rodríguez, conocida como “Amparito”, permaneció durante casi diez años prófuga de la Justicia luego de ser condenada a 20 años de prisión por su participación en los abusos sexuales cometidos contra sus propias hijas cuando eran menores de edad.
La mujer fue localizada durante la madrugada del miércoles en una pequeña casilla de madera ubicada en el sector posterior de un camping perteneciente a su familia, en Villa Paranacito. El operativo contó con la participación de 32 efectivos y permitió concretar una búsqueda que llevaba años.
Tras ser detenida, Rodríguez fue trasladada a la Unidad Penal Nº 9 de Gualeguaychú, donde comenzó a cumplir la pena que permanecía pendiente desde diciembre de 2016. Según lo dispuesto por la Justicia, deberá cumplir íntegramente los 20 años y la condena se agotará el 26 de agosto de 2046.
Una campana para advertir la llegada de la Policía
Durante los años que permaneció oculta, la mujer contaba con un particular sistema para advertir la presencia de personas desconocidas o de vehículos policiales en el camping.
Según explicó el subjefe de la Departamental Gualeguaychú, Mauricio Asler, el mecanismo consistía en una campana conectada mediante un hilo de aproximadamente 50 metros. Las personas ubicadas en el sector delantero del predio podían hacerla sonar ante cualquier movimiento sospechoso.
La señal le permitía abandonar rápidamente la casilla y dirigirse hacia el monte cercano. Una vez que consideraba que el peligro había pasado, regresaba al lugar donde permanecía escondida. Además, los investigadores encontraron una mochila con elementos de supervivencia que, según la hipótesis, estaba preparada para una eventual huida.
El dato que permitió encontrarla
La ubicación del camping también habría favorecido el ocultamiento. El predio permitía observar los movimientos sobre la ruta nacional 12 y contaba con una zona de monte cercana, lo que le ofrecía una vía de escape ante cualquier eventual operativo.
La investigación para localizarla tomó nuevo impulso en mayo, cuando sus dos hijas, actualmente mayores de edad, se presentaron ante la Policía de Ceibas y la Fiscalía de Gualeguaychú. Las jóvenes aportaron información que permitió establecer que su madre había regresado a Villa Paranacito después de haber permanecido durante un período en Paraguay.
A partir de esos datos, la División Investigaciones de la Jefatura Departamental Gualeguaychú comenzó a vigilar el camping perteneciente a la familia Rodríguez. Durante varios meses se realizaron seguimientos, se observaron los movimientos del complejo y se identificó a las personas que ingresaban y salían.
Vigilancia e intervenciones telefónicas
Como parte de la pesquisa también se realizaron intervenciones telefónicas autorizadas por la Justicia. Las medidas permitieron reunir indicios que apuntaban a la presencia de Rodríguez dentro del predio.
Con esa información, la Fiscalía avanzó con el pedido de allanamientos. El despliegue comenzó alrededor de las 3:30 del miércoles, cuando los efectivos ingresaron al camping y rodearon la casilla ubicada en la parte posterior.
Los policías lograron localizar a la mujer antes de que pudiera activar su mecanismo de escape. Durante el procedimiento también fue detenido un hombre de 72 años, señalado como presunto encubridor, quien habría brindado protección y colaborado para que Rodríguez permaneciera oculta. Su grado de participación será determinado por la Justicia.
La condena por los abusos
La captura puso fin a una búsqueda iniciada formalmente en diciembre de 2016. Durante esos años, Rodríguez llegó a integrar la nómina de personas más buscadas del Registro Nacional de Reincidencia.
La causa que derivó en su condena se había iniciado en 2014, luego de que una docente advirtiera irregularidades relacionadas con las hijas de Rodríguez, que en ese momento tenían 13 y 10 años. La situación fue comunicada al Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia y posteriormente derivó en una denuncia.
Durante el juicio, los testimonios brindados por las niñas en Cámara Gesell permitieron establecer que los abusos eran sistemáticos y que ocurrían en una casilla de madera ubicada a unos 50 metros de la vivienda familiar. Allí se encontraba Juan Carlos Flores, un hombre que se presentaba como curandero.
Una condena que terminará en 2046
La Fiscalía sostuvo durante el proceso que Rodríguez había prestado “colaboración material y moral” para que los abusos pudieran concretarse. Finalmente, fue considerada partícipe primaria y condenada el 13 de mayo de 2016 a 20 años de prisión.
En la misma causa, Juan Carlos Flores recibió una pena de 19 años. Rodríguez escapó durante los meses posteriores al juicio y antes de comenzar a cumplir su condena, por lo que desde el 1º de diciembre de 2016 pesaba sobre ella una orden de captura.
Luego de su detención, la fiscal Natalia Bartolo solicitó su traslado a la Unidad Penal Nº 9 de Gualeguaychú. La mujer fue llevada al establecimiento carcelario durante la tarde del miércoles y, de acuerdo con lo dispuesto judicialmente, deberá cumplir íntegramente los 20 años de prisión. La pena se agotará el 26 de agosto de 2046.
FUENTE: Elonce