Cada 2 de octubre se conmemora en Argentina el Día del Encargado de Edificios, una fecha vinculada con la creación, en 1942, del entonces Sindicato Único de Encargados y Ayudantes de Casas de Renta, antecedente del actual SUTERH. La jornada reconoce a quienes tienen a su cargo buena parte del cuidado y funcionamiento cotidiano de los edificios.
En Concordia, el oficio tiene sus particularidades. Mazzoletti contó a un cronista de Diario Río Uruguay que comenzó a trabajar en el edificio donde actualmente se desempeña cuando era muy joven y hasta participó de su construcción como albañil. Con el paso de los años, no solo se convirtió en una figura conocida por los propietarios, sino también en quien procura que los distintos problemas que aparecen tengan una respuesta.
“El Encargado”, la serie de Netflix protagonizada por Guillermo Francella, apareció de inmediato durante la charla. Mazzoletti contó que ese personaje generó comentarios entre los propietarios y hasta alguna comparación con su propio trabajo. “He tenido propietarios nuevos que vinieron hace poco y me dicen: ‘Vos no sos Eliseo, ¿no?’”, relató entre risas, en referencia al personaje de la ficción. Aunque aclaró que se trata de una historia llevada al extremo, reconoció que hay algo con lo que los encargados pueden sentirse identificados: “El encargado sabe todo del edificio y lo que pasa en el edificio, sabe todo”, pero dio a entender que la reserva y discrecionalidad también forman parte de sus responsabilidades.
“Si no lo puedo solucionar, busco la manera”
“Para muchas personas, solo somos los porteros del edificio”, explicó Mazzoletti al describir su trabajo. Sin embargo, aclaró que su función va bastante más allá de mantener limpios los espacios comunes.
“Nos destacamos como encargados porque, aparte de ser portero, yo me hago cargo del mantenimiento en general del edificio. En síntesis me encargo de que todo funcione bien y de que la gente esté cómoda”, sostuvo.
Esa responsabilidad también implica resolver los inconvenientes que aparecen durante la jornada. “Cuando yo no lo puedo solucionar con mi capacidad, lo soluciono buscando otra manera, pero lo soluciono”, resumió. Con los años, esa necesidad de encontrar respuestas lo llevó a incorporar conocimientos que inicialmente no formaban parte de su oficio.
Electricidad, mantenimiento y algo de todo
Mazzoletti contó que se capacitó en electricidad y que buena parte de los arreglos cotidianos puede resolverlos personalmente. La única tarea que evita realizar es la relacionada con el gas, debido a la necesidad de contar con matriculación y por la responsabilidad que implica intervenir en esas instalaciones.
“En los años que trabajo acá he aprendido incluso. Me he capacitado en electricidad”, relató. Esa experiencia se suma a las tareas habituales de limpieza y mantenimiento que realiza en el edificio.
El inmueble donde trabaja cuenta además con quinchos, gimnasio, sauna, pileta y un aula, por lo que las tareas no se limitan a los espacios comunes tradicionales. Por estos días, por ejemplo, se encontraba preparando el sector de la pileta para el comienzo de la temporada y esperaba la llegada de un electricista para reparar una luminaria.
Quince años construyendo vínculos
El vínculo con los propietarios es otra de las características que Mazzoletti destaca de su trabajo. Lleva 15 años en el edificio y conoce a algunos de sus habitantes desde antes de que la construcción estuviera terminada.
“Yo arranqué acá a los 20, 21, 23 años”, recordó. Incluso trabajó durante la construcción del inmueble, lo que le permitió conocer a algunos de los futuros propietarios antes de comenzar formalmente como encargado.
Con el paso del tiempo, esa relación laboral se transformó en un vínculo cotidiano. “Tengo gente acá que tiene mi edad. Nos hemos conocido cuando teníamos 20 años. Me llevo muy bien con la gente y aparte hay gente muy buena acá”, relató.
Un trabajo que no termina cuando termina el horario
Una de las cosas que, según reconoce, incorporó con el paso de los años es la imposibilidad de desentenderse de un reclamo. Su jornada habitual es de 8:30 a 17:30, de manera corrida, una modalidad que establecieron después de la pandemia.
Sin embargo, el horario no siempre marca el final de sus responsabilidades. "Me voy a las 5, pero si a las 8 o 7 se da un reclamo, tengo que venir”, explicó.
Incluso los feriados y días de descanso pueden terminar interrumpidos por alguna situación del edificio. “Por más que sea un feriado o día de descanso y yo veo que en el grupo hay una incomodidad o algo, sí o sí lo tengo que resolver”, contó. Reconoció que esa actitud llegó a incorporarse a su vida personal y que en ocasiones hasta su familia le reclama que debería dejar de pensar en el trabajo cuando está en su casa.
De la puerta de entrada a una emergencia de madrugada
La jornada comienza con una recorrida por el edificio. Lo primero es revisar el estado de la puerta principal, continuar con la limpieza de la vereda y después comenzar a recorrer los distintos sectores mientras permanece atento al teléfono y a los mensajes de los propietarios.
Los problemas más complejos aparecen cuando una falla afecta rápidamente a los departamentos. Entre ellos mencionó los cortes de luz y las dificultades vinculadas con los sistemas de seguridad que dependen de la electricidad.
También recordó una emergencia ocurrida durante la madrugada. “Una vez a las dos de la madrugada, un viernes, se rompió un flexible de un baño, empezó a salir agua a lo loco, se inundó el departamento directamente y tuve que venir”, relató. Desde su casa, aseguró, demora unos diez minutos en llegar.
Actuar ante "los nervios y la desesperación de la gente”
En situaciones de emergencia, la tarea del encargado no termina en solucionar el desperfecto. También debe ayudar a los propietarios a reaccionar frente al problema.
“Por más que vos les digas: ‘Mirá, ahí está la llave de paso’, el nervio y la desesperación de la gente no lo hace”, explicó Mazzoletti. Por eso, muchas veces termina interviniendo tanto en la solución técnica como en la asistencia a quienes viven en el edificio.
Con los años fue organizando una red de recursos para responder ante distintas situaciones. Tiene llaves guardadas, contactos de trabajadores especializados y personas a las que puede recurrir cuando el inconveniente excede sus conocimientos.
Un oficio que cambia con los nuevos edificios
Mazzoletti también observó una particularidad del crecimiento de Concordia: la ciudad tiene cada vez más edificios, pero eso no necesariamente se tradujo en una mayor cantidad de encargados permanentes.
“Es impresionante la cantidad de edificios nuevos que hay en Concordia. Pero son pocos los encargados”, señaló. Según explicó, algunos trabajadores cumplen jornadas parciales y otros se distribuyen entre distintos inmuebles.
En su caso, considera que las características del edificio donde trabaja justifican la presencia permanente de un encargado. “Este es un edificio de primera categoría, tiene quinchos, gimnasios, sauna, pileta, que sí o sí tiene que haber un encargado”, sostuvo. En otros inmuebles, en cambio, muchas de esas funciones fueron reemplazadas por empresas de limpieza tercerizadas.
Una profesión que también devuelve afecto
La relación construida durante estos 15 años también tuvo su lado gratificante. Mazzoletti contó que a lo largo del tiempo recibió distintos regalos de parte de los propietarios y que interpreta esos gestos como una muestra del vínculo que logró construir.
Entre las anécdotas que recuerda está la de sus comienzos. Cuando recién había ingresado a trabajar, le preguntaron si tenía movilidad. Como todavía no contaba con un vehículo, poco tiempo después recibió una sorpresa inesperada.
“A la semana me compraron una Honda Storm 150, nueva, cero kilómetros”, recordó. Para Mazzoletti, ese tipo de gestos forma parte de las razones por las que continúa en el oficio.
“Hay muchas cosas que valoro. Por eso sigo trabajando y me gusta”, resumió. Quince años después de haber comenzado a trabajar en aquel edificio, su función sigue siendo, en buena medida, la misma que definió durante la entrevista: estar atento, conocer a quienes viven allí y, cuando aparece un problema, encontrar la forma de solucionarlo.