Había una época en la que septiembre cambiaba completamente el ritmo de Concordia. Durante varios días, las calles se llenaban de estudiantes, las carrozas recorrían la ciudad, las serenatas se extendían hasta la madrugada y miles de jóvenes terminaban reuniéndose en el Club Ferrocarril.
Para quienes fueron adolescentes durante las décadas de 1970, 1980 y 1990, la Fiesta de los Estudiantes no era solamente una celebración organizada por los colegios. Era uno de los grandes acontecimientos sociales del año y conseguía convocar a estudiantes, familias, comerciantes y vecinos.
Buena parte de esa historia quedó registrada en fotografías que Edgardo Palauro comenzó a reunir hace más de dos décadas y que terminaron convirtiéndose en un archivo de la memoria estudiantil de Concordia, aglutinadas en La Secundaria en Concordia.
Un archivo nacido en la Escuela Técnica
Palauro es egresado de la Escuela Técnica N° 1 y comenzó a reunir fotografías en 2004, cuando la institución se preparaba para celebrar sus 75 años. La idea inicial era montar una exposición con imágenes de distintas promociones.
“Yo agarré y puse en los transparentes de la planta que, si alguien era egresado de la Escuela Técnica, me trajera fotos de su paso por la institución para alimentar esa exposición de fotos”, contó en diálogo con Diario Río Uruguay.
Las fotografías fueron digitalizadas y, algunos años después, encontraron otra forma de circulación. En 2008, con el auge de los blogs y los Fotolog, Palauro decidió poner buena parte de ese material en internet, inicialmente concentrado en las promociones de la Técnica de los años 1981 a 1986.
Lo que ocurrió después fue inesperado. Comenzaron a llegar nuevas fotografías de carrozas, desfiles y actividades estudiantiles. Primero de la Técnica y luego de otras escuelas. “Cuando quise acordarme estaba publicando de Comercio, de Normal, de Técnica y ya dije: bueno, hago una cosa, esto es catálogo ya”, recordó.
Cuando el Ferro era el gran punto de encuentro
El archivo permite reconstruir una época en la que las actividades se sucedían durante varios días y los estudiantes prácticamente vivían al ritmo de la celebración.
“Terminabas de desfilar, guardabas la carroza, te ibas a la serenata, volvías de la serenata, sacabas la carroza y después te ibas al Ferro. Eran tres días en donde la adrenalina estaba al cien por ciento”, recordó Palauro.
La organización comenzaba varios meses antes. Las instituciones estudiantiles debían conseguir recursos para construir carrozas, contratar espectáculos y sostener una programación que podía extenderse durante semanas. Los desfiles de reinas eran también una herramienta para recaudar fondos.
“Las fiestas del Ferro arrancaban en los meses, a veces recuerdo yo haber arrancado en mayo. Pero por supuesto, había tres o cuatro desfiles de Reina en donde ECU tenía base para juntar un poquito de dinero”, explicó.
Una cartelera musical difícil de olvidar
El atractivo de aquellas fiestas no estaba solamente en las actividades estudiantiles. Por el escenario del Ferro y otros espacios vinculados a la celebración pasaron artistas y grupos que formaban parte de la música popular argentina.
En los años 70 aparecen en los registros agrupaciones como The Breakers y la orquesta Flash, además de diferentes conjuntos y músicos que acompañaron las estudiantinas y los bailes. La música beat, las orquestas y los primeros grandes nombres del rock nacional convivían con las actividades tradicionales.
Durante los 80, la programación alcanzó una dimensión todavía mayor. Por Concordia pasaron nombres como León Gieco, Piero, Marilina Ross, Sandra Mihanovich, Virus, Juan Carlos Baglietto y Vox Dei, entre otros.
Uno de los recuerdos más particulares corresponde a 1981, cuando llegó a Concordia el músico jamaiquino Eddy Grant. Ese mismo período también tuvo la presencia de Vivencia y León Gieco, mientras que la fiesta estudiantil llegó incluso a tener repercusión televisiva nacional.
Soda Stereo y una noche que quedó en la memoria
Pero si hay una visita que permite dimensionar el tipo de artistas que podían llegar a la ciudad en aquellos años es la de Soda Stereo.
En mayo de 1986, cuando la banda de Gustavo Cerati comenzaba a consolidarse como uno de los grandes nombres del rock argentino, se presentó en el Club Ferrocarril durante una actividad vinculada con las fiestas estudiantiles.
La noche quedó además asociada a una anécdota que años después se volvió parte de la memoria de quienes estuvieron allí: Cerati tuvo un inconveniente con la estructura del escenario y terminó quedando atrapado en ella durante un momento de la presentación.
La cartelera continuó sumando figuras populares. En 1987 fue el turno de Sergio Denis, mientras que en 1989 llegaron Los Pericos y Los Fabulosos Cadillacs, cuando el reggae y el ska comenzaban a instalarse con fuerza entre los jóvenes argentinos.
La década del 90 mantuvo parte de esa tradición. En 1992, el Ferro recibió a Eddie Sierra y Miguel Mateos, además de la participación del humorista Paolo el Rockero.
Así, para varias generaciones, septiembre quedó asociado no solamente con las carrozas y las reinas, sino también con una sucesión de recitales que permitían ver en Concordia a artistas que habitualmente actuaban en grandes escenarios de Buenos Aires y otras ciudades.
Una fiesta que trascendía a los estudiantes
La dimensión de aquellas celebraciones también puede advertirse en fotografías que, a primera vista, parecen simples recuerdos escolares.
Palauro encontró, por ejemplo, una imagen de 1971 en la que aparece el embajador de Estados Unidos sentado en el palco oficial de la Municipalidad durante un desfile de carrozas y reinas.
“Ah, mierda, era importante”, fue la reacción de Palauro al reparar en aquella fotografía. Para él, ese registro permite comprender hasta qué punto la Fiesta de los Estudiantes había adquirido relevancia dentro de la vida social de Concordia.
El archivo también conserva historias de personas que llevaron consigo aquellos recuerdos después de abandonar la ciudad. Palauro comenzó a recibir mensajes de concordienses que viven en Australia, Miami y España y que encontraban en las fotografías una forma de regresar, aunque fuera por unos minutos, a su adolescencia.
Entre esos contactos estuvo Fernando Mendoza, quien años después sería capitán del submarino ARA San Juan. Desde miles de kilómetros de distancia le escribió a Palauro para contarle cuánto disfrutaba volver a ver aquellas imágenes de Concordia.
Carrozas, serenatas y una escuela de dirigentes
La Fiesta de los Estudiantes también era una instancia de aprendizaje. Los jóvenes que integraban ECU debían organizar actividades, administrar dinero, conseguir sponsors, coordinar grupos y resolver problemas que involucraban a cientos o miles de personas.
“Más allá de cómo celebrábamos nuestra fiesta, era una escuela de formación, de dirigencia y, sobre todo, de socialización”, sostuvo Palauro.
La construcción de una carroza podía involucrar a decenas de estudiantes durante semanas. Después llegaban los desfiles, las serenatas, las elecciones de reinas y finalmente las fiestas en el Ferro. Todo formaba parte de una misma celebración que tenía a los estudiantes como protagonistas y a toda la ciudad como espectadora.
Incluso hubo momentos en los que la televisión nacional se hizo eco de lo que ocurría en Concordia. Y una de las historias más recordadas es la de la Escuela Técnica 2, cuyo director y una profesora enviaron una carta al programa “Sorpresa y Media”, conducido por Julián Weich.
El conductor llegó hasta San Carlos acompañado por el programa para entregar elementos que permitieran a los estudiantes construir su carroza. Otra historia que, décadas después, sigue formando parte del enorme archivo reunido por Palauro.
“Septiembre es un estado de ánimo”
El paso del tiempo modificó la dimensión de aquellas celebraciones. Para Palauro, la diferencia entre aquellas fiestas y las actuales puede verse incluso al caminar por los lugares donde alguna vez se concentraban multitudes.
“Anoche nos dimos una vuelta por las carrozas y me puse a hablar con Eduardo Cristina, que estaba ahí en el palco, y nos quedábamos los dos mirando de lejos la tan poquita gente que había”, relató al referirse a una de las actividades recientes.
Pero el archivo demuestra que la nostalgia no está solamente relacionada con la cantidad de público. También tiene que ver con una manera de vivir septiembre, con amistades que se construyeron alrededor de una carroza y con canciones que quedaron asociadas para siempre a una promoción.
“Septiembre es un estado de ánimo, la primavera es un estado de ánimo”, resumió Palauro.
Por eso, cuando llega agosto y se aproxima septiembre, vuelve a abrir sus carpetas y comienza a publicar fotografías. Muchas veces, una imagen alcanza para que antiguos compañeros vuelvan a reconstruir una escena que creían olvidada.
“Con mis compañeros de promoción nos juntamos y ya casi ninguno se acuerda qué hacíamos cada uno en la humorística. Entonces entre todos nos ponemos a ver: ‘No, si vos salías de acá, vos salías de allá, arrancaba tal canción y salías vos diciendo tal cosa’”, contó.
Las fotografías de Palauro funcionan así como una especie de máquina del tiempo. Devuelven las carrozas, las serenatas, las reinas, las canciones y aquellas noches en las que el Club Ferrocarril se llenaba de estudiantes.