Los resultados de las evaluaciones educativas PISA volvieron a poner el foco sobre los aprendizajes alcanzados por los estudiantes argentinos. En diálogo con Diario Río Uruguay, Paula Insani, integrante de Padres Organizados, sostuvo que las dificultades no responden a una situación reciente, sino que forman parte de un proceso que se extiende durante décadas.
“Lamentablemente no es una cuestión actual. Los indicadores de calidad de educación y de resultados, tanto en Argentina como en la provincia de Entre Ríos, vienen cayendo estrepitosamente”, afirmó. En esa línea, sostuvo que “seguimos cayendo y esto es sostenido en 25 años”.
De acuerdo con los resultados de PISA 2022 publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el 27% de los estudiantes argentinos alcanzó al menos el nivel 2 de desempeño en matemática, mientras que en lectura lo hizo el 45% y en ciencias el 46%.
Las dificultades en matemática y comprensión lectora
Insani explicó que las pruebas PISA están dirigidas a estudiantes de 15 años y que evalúan “las habilidades que incorporan para poder implementarlas en la vida cotidiana”. También diferenció estos exámenes de las pruebas Aprender, que alcanzan a distintos niveles de la educación primaria.
Al referirse a los resultados, sostuvo que “el setenta y pico por ciento no puede resolver un problema matemático básico” y agregó que “el cincuenta y nueve por ciento no entiende lo que lee”.
La integrante de Padres Organizados también apuntó al desempeño en ciencias. “Estamos mal en todas las áreas”, afirmó, y planteó que las dificultades que aparecen en el nivel secundario deben analizarse en relación con los aprendizajes construidos durante los años anteriores. “El secundario es la respuesta lógica de una primaria que tampoco enseña”, sostuvo.
La alfabetización como punto de partida
Al abordar la educación primaria, Insani cuestionó el criterio de considerar que los estudiantes cuentan hasta tercer grado para consolidar la lectura y la escritura.
“Decimos, bueno, los chicos tienen que aprender a leer hasta tercer grado. Eso es un error garrafal, porque si un chico no aprende a leer y escribir en primer grado, arranca a segundo grado en desigualdad de condiciones y empieza a tener pérdidas de contenido”, afirmó.
Según explicó, las dificultades iniciales pueden acumularse durante la trayectoria escolar. “No hay ningún docente en el aula que tenga tiempo disponible para poder ocuparse de un nene que no aprendió a leer en primer grado”, sostuvo, y consideró “una barbaridad y una irresponsabilidad enorme” atribuir esas diferencias exclusivamente a los tiempos individuales de cada alumno.
Insani señaló además que la lectoescritura constituye un aprendizaje cultural y que, por ese motivo, requiere una intervención educativa específica desde los primeros años. “No hay zona del cerebro que esté destinada a la lectura y a la escritura”, explicó.
El papel de las familias y la escuela
Respecto del rol familiar, la referente sostuvo que “los padres no pueden ser el límite de sus hijos”. Como ejemplo, planteó que si una familia no tuvo acceso a la alfabetización pero busca que sus hijos tengan mejores oportunidades, “la escuela tiene que funcionar como un nivelador”.
“No importa el lugar de donde vos vengas, la escuela te tiene que dar la oportunidad de poder avanzar, tener herramientas y llegar más lejos de lo que llegaron tus padres”, afirmó.
En ese marco, se refirió al denominado “efecto cuna” y planteó que la escuela debería contribuir a reducir las diferencias vinculadas con el origen social y familiar de los estudiantes.
Insani también distinguió entre las responsabilidades familiares y las obligaciones propias del sistema educativo. “Las familias tenemos una obligación con la educación de nuestros hijos que es innegable”, reconoció, aunque señaló entre esas responsabilidades el acompañamiento, la asistencia y el respeto por la institución escolar.
Ausentismo y financiamiento educativo
En relación con la asistencia, sostuvo que “los niveles de ausentismo son enormes” y afirmó que en Entre Ríos “un chico, en promedio, falta treinta días de clase”.
A partir de ese dato, planteó que las familias deben asumir un rol activo para garantizar la asistencia. “Las familias tenemos que llevar a nuestros hijos a la escuela”, afirmó, además de mencionar la necesidad de “dar el sentido de estructura” y “respetar a la escuela”.
Sin embargo, volvió a diferenciar esas obligaciones de la enseñanza de contenidos, que ubicó como una responsabilidad del sistema educativo.
Consultada sobre la necesidad de incrementar el financiamiento, Insani cuestionó que el problema pueda explicarse exclusivamente por la falta de recursos. “Argentina tiene una inversión en educación que es de las más altas de la región, con resultados que están muy por detrás”, sostuvo. Y agregó: “Si vamos a hablar de gasto público, hablemos también de eficiencia”.
Críticas a libros y capacitación docente
En ese sentido, cuestionó la implementación de algunas políticas educativas en Entre Ríos. “Ha hecho esfuerzo este gobierno y el anterior gobierno por darle libros a los chicos. Pero los libros son de muy mala calidad”, afirmó.
Su conclusión fue que “gastar se gasta, pero se gasta mal”. También apuntó contra la formación y actualización profesional de los docentes, al sostener que “necesitás profesionalización y necesitás actualización” y que esos procesos “se hacen de muy mala calidad”.
En particular, cuestionó capacitaciones vinculadas con la enseñanza inicial de la lectura y la escritura. “Tenés docentes de primer grado y de segundo grado que le dieron capacitaciones para lectoescritura en métodos que no funcionan”, afirmó.
Una crítica que apunta a las políticas
Sobre el final, Insani diferenció las dificultades de los docentes de las decisiones adoptadas por las autoridades educativas. “El problema ahí no es el docente, el problema es la política”, sostuvo.
Desde esa perspectiva, cuestionó la continuidad de determinadas políticas más allá de los cambios de gobierno y lanzó una de sus principales definiciones sobre la situación provincial: “La única continuidad política que ha tenido la provincia de Entre Ríos es la del fracaso educativo”.
Finalmente, resumió su diagnóstico al señalar que, a su entender, “no es un problema de plata, porque plata se está invirtiendo, pero se está invirtiendo mal y no es un problema de un gobierno, es un problema estructural”.