Concordia

DÍA DEL COLECTIVO: Desde esperar al pasajero que se dormía, hasta una alegría que terminó en tragedia

En el marco de su día, el colectivero Gerardo Marrone de la ciudad de Concordia repasó su trayectoria en distintas empresas y recordó anécdotas de más de cuatro décadas de trabajo.

24 de Septiembre de 2026
Gerardo es uno de los miembros fundadores de la Cooperativa Nuevo Expreso.

El Día del Colectivero se celebra cada 24 de septiembre en Argentina porque en esa fecha del año 1928 comenzó a circular en la Ciudad de Buenos Aires el primer transporte colectivo de pasajeros de la historia.

 

En el gran libro de ese transporte se incluye una de las tantas historias de colectiveros de Concordia, como el caso de Gerardo Marrone, que comenzó a trabajar como colectivero cuando todavía no había cumplido 19 años y desde entonces permaneció ligado al transporte urbano durante más de cuatro décadas. En el Día del Colectivero, repasó parte de su historia laboral y recordó distintas situaciones que atravesó durante los años en los que estuvo al frente de una unidad.

 

En diálogo con un cronista de Diario Río Uruguay, Marrone contó que “empecé a trabajar el 3 de marzo de 1984, en la entonces empresa San José, la cual en el año 2000 presentó quiebra”. Hasta ese momento, los colectivos azules de la empresa San José tenían a su cargo las líneas 4 y 5 de la ciudad.

 

Según detalló Grerardo, después del cierre de esa firma participó de la conformación de una nueva organización junto a otros trabajadores. "Fue en el año 2000 cuando nos juntamos 23 compañeros de esa empresa cerrada y formamos la Cooperativa de Trabajo Nuevo Expreso, en la cual sigo trabajando hasta el día de hoy”, teniendo a su cargo los circuitos de las Líneas 5 y 7, además de otros servicios.

 

 

La elección del oficio y el vínculo con el pasaje

 

Consultado sobre los motivos que lo llevaron a trabajar como chofer, Marrone manifestó que “siempre me gustó manejar, yo anduve un tiempo en camiones y después me decidí por el colectivo, cuando tuve la posibilidad de entrar en aquella empresa San José".

 

Sobre la rutina de recorrer diariamente los mismos circuitos, el entrevistado sostuvo que, más allá de eso, “es un trabajo en donde todo día es distinto, eso es porque hay muchos factores que se presentan a diario”. En ese sentido, comparó la actividad con otros trabajos y remarcó la importancia de hacer lo mejor posible con la profesión que cada persona eligió.

 

En ese marco, Gerardo recordó el vínculo que se generaba con los pasajeros habituales. Al respecto, explicó que “uno los va conociendo con el día a día, entonces a veces empezábamos el recorrido y veíamos que un pasajero x no estaba en la esquina y nos tomábamos el tiempito de esperarlo un poquito, porque sabíamos que por ahí se dormía y le hacíamos el aguante”. Según contó, esa familiaridad también permitía ayudar a personas que eventualmente no contaban con dinero o el cambio necesario para pagar el viaje, cuando el boleto se abonaba en efectivo.

 

 

Situaciones inborrables en los recorridos

 

En relación con los episodios que permanecieron en su memoria, Marrone señaló que “hay muchas anécdotas, porque a diario suceden cosas". Entre ellas, mencionó distintos momentos vinculados con pasajeros habituales o situaciones que requirieron una intervención especial del conductor. Incluso algunas no tan gratas, como que “he tenido y sufrido tres asaltos, pero bueno, gracias a Dios no han pasado a mayores, simplemente nos robaban las recaudaciones o la mochila que llevábamos con nuestras pertenencias”. Según explicó, la implementación del sistema SUBE modificó esa situación porque actualmente el chofer ya no tiene que manejar dinero en efectivo durante el recorrido.

 

Marrone también relató una situación ocurrida durante sus primeros años como conductor. “Una señora había venido a buscar a su papá para llevarlo a vivir a Buenos Aires" y esa sitaución que era de plena alegría para esos protagonistas terminó de manera fatal. "Por que el señor, de la emoción se descompuso arriba de la unidad”, contó Gerardo. Esto lo obligó a que sacara la unidad de recorrido para trasladarlo a una atención de urgencia, pero lamentablemente, al llegar al entonces hospital Felipe Heras, la persona ya había fallecido.

 

Más historias con los pasajeros

 

Otro de los recuerdos que compartió estuvo relacionado con un objeto de valor que un pasajero había dejado en un colectivo. Especificamente “un señor se olvidó una billetera, en realidad una cartera con mucho dinero”. El trabajador explicó que conocía al hombre porque trabajaba en una mutual y decidió guardar el dinero hasta poder localizarlo.

 

Puntualizó que “eso fue un sábado a la mañana, pero como yo lo conocía al señor porque trabajaba en una mutual, tomé conmigo esa cartuchera con el dinero y la llevé a mi casa”. Finalmente, contó que “el lunes se lo volví a entregar al señor con todo el dinero que se había extraviado”, para sorpresa y alegría de quien daba por perdido esos valores.

 

Fue allí donde apareció la novedad de la tarjeta SUBE y si eso marcó alguna distancia entre chofer y pasajero. Para Gerardo, el vínculo cotidiano con los usuarios no desapareció, aunque reconoció que la actividad del conductor se modificó. Marrone sostuvo que “el pasajero se tuvo que acostumbrar a otra cosa” y agregó que “el chofer ahora trabaja un poquito más cómodo”, porque ya no debe ocuparse del cobro, el cambio y el manejo de efectivo mientras conduce.

 

Una experiencia durante la madrugada

 

Durante la entrevista también fue consultado por posibles experiencias extrañas relacionadas con los recorridos que durante años pasaron por las inmediaciones del cementerio de Concordia. Sobre ese punto, Marrones aclaró que “a mí no me ha tocado eso, no sé si a algún compañero le habrá tocado, pero a mí no”. También descartó que circular por esa zona durante determinados horarios haya generado temor entre los conductores.

 

El entrevistado sostuvo que “uno tiene que tener miedo y temor a los vivos, no realmente a los muertos”. De todos modos, posteriormente recordó una situación ocurrida en la playa donde se guardan las unidades de la cooperativa, ya que durante una madrugada en la que se encontraba allí con un grupo reducido de trabajadores, "de manera sorpresiva se le prendieron todas las luces a un colectivo, solas, como si alguien le diera contacto”. Según explicó, las luces permanecieron encendidas durante un momento y luego “se apagaron solas”.

 

 

La continuidad en el transporte

 

Actualmente, Marrone ya no trabaja de manera regular como conductor de una línea, aunque continúa vinculado a la actividad y realiza algunos servicios especiales. En ese sentido, comentó que “gracias a Dios estoy jubilado, pero bueno, todavía seguimos un tiempo más por amor a la profesión”.

 

Sobre la jornada de trabajo de la cooperativa, detalló que “el primer colectivo salió 4.40 de la Línea 7 con su rutina larga, que es el que va a Villa Zarraquín”, mientras que “4.50 salió el de la línea 5” y posteriormente comenzaron a salir otras unidades con frecuencias de entre diez y quince minutos.

 

Finalmente, Marrones remarcó que el transporte urbano también atravesó modificaciones tecnológicas y laborales durante las más de cuatro décadas que lleva en el rubro. Al comparar la actividad actual con sus primeros años como chofer, sostuvo que “antes que tuviera la SUBE era un poco más complicado, porque te subía el primario, te subía el secundario, el jubilado, el boleto único, y bueno, tenía que estar atento a todo eso”. Pero más allá de eso, para el trabajador del transporte hay cosas que no cambian, "porque es un oficio marcado por el contacto cotidiano con los pasajeros" y por las experiencias que surgen durante cada recorrido.